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DIAGNOSTICOEn la medida que sustituyamos los placeres colectivos (el espacio natural o urbano como espacio de encuentro) por los privados (huir a un espacio exclusivo, cerrado, lleno de máquinas generadoras de realidad virtual con obsolescencia programada) acabaremos siendo esclavos del dios consumo que transmuta al envoltorio en personalidad, al coche en libertad y al chalet en soberanía. El individuo socializado por el consumo no es ya un individuo socialmente integrado sino un individuo incitado a ser él mismo distinguiéndose del resto porque sus consumos sustitutorios son más y mejores que los de los demás.La necesidad creada de vender nuestro tiempo, dedicándolo a trabajos especializados, desconectados de nuestras necesidades inmediatas a cambio del imprescindible dinero, nos obliga a aceptar condiciones, actitudes y soluciones que son altamente destructivas e insostenibles para el entorno vital. Esta posición nos condiciona de tal forma que hace imposible ejercer el poder de decidir sobre nuestros actos, que se convierten en eslabones de una cadena que origina consecuencias aparentemente ajenas a nuestra voluntad individual y nos afecta negativamente tanto individual como colectivamente.La carencia de ese tiempo nos vuelve inútiles para cubrir nuestras necesidades, las que al final sólo podemos pagar con dinero, sin tener ningún conocimiento ni poder de decisión sobre los procesos por los que han sido obtenidos, perdiendo así el poder sobre nuestros actos a la vez que vendemos nuestro tiempo.Esto nos lleva a una vida degradada, con alimentos altamente insanos, desvitalizados y contaminados, con productos de "usar y tirar", con unos costes ecológicos enormes tanto en la producción como en la gestión de residuos, con ciudades cada vez más inhabitables, sucias, ruidosas y saturadas de ondas electromagnéticas alteradas.ESCENARIO PROPUESTORecuperar el valor de uso frente al valor de cambio, el vínculo entre trabajo y necesidad, posibilitaría abrir nuevos espacios donde restablecer el valor de lo necesario, un humanismo de la necesidad alejado del universo de las necesidades sublimadas-, basado en la defensa de la vida como reivindicación de una reducción del tiempo de trabajo y del derecho al tiempo de vivir.Por otra parte, la reivindicación de nuestros derechos como consumidores y usuari@s, se convierte en expresión aceptada de democracia participativa, por la que los poderes públicos asumen la obligación de consultar a las asociaciones de consumidores antes de aprobar disposiciones o normas legales sobre materias que les afecten directamente. Consumidores y usuari@s que de manera efectiva pasan a estar representados en todas aquellas empresas prestadoras de servicios públicos, o básicos, como por ejemplo, los propios del abastecimiento de agua y energía, y los servicios relacionados con el transporte y la sanidad. 1. Poner en valor el poder del consumidor, dotándolo de mecanismos de participación y decisión, así como de información suficiente para poder ejercer ese poder.2. Establecimiento y desarrollo de un plan de formación consumerista que promueva el consumo responsable, a través de las organizaciones sociales y dirigido a los establecimientos comerciales, a los productores y a la administración pública para el establecimiento de controles rigurosos y eficaces.3. Recuperación, promoción y extensión de los mercados directos, donde además de comercializar productos locales se recupere la relación entre productor y consumidor, ayudando a un acercamiento necesario entre el mundo rural y el urbano.4. Exigir la dotación de recursos suficientes que permitan elevar el nivel de la formación del personal que atiende a los ciudadanos, para así dar respuesta adecuada ante la evidente desigualdad de posicionamiento que existe en el mercado entre consumidores, empresas productoras y prestadores de servicios.7. Impulsar las asociaciones de aprovisionamiento, de salud, de trueque, banca social, auzolan,... en la línea de configurar una red interconectada de productores y consumidores, así como de intercambio de bienes y servicios.
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