DIAGNÓSTICOEl nacimiento de un nuevo concepto desgarrador dentro de la ordenación territorial: el llamado espacio rur-urbano. La asunción de esta noción implica la quiebra por distorsión del futuro del agro vasco, al mismo tiempo que supone ser la lanzadera de la ocupación total del territorio por usos residenciales, a través sobre todo de la nueva ficción jurídica de dimensión territorial llamada núcleo rural. Núcleos rurales de nueva formación que lejos de exigir la vinculación de sus edificios residenciales de nueva construcción, a la preservación del uso productivo agrario, favorece la aceleración del fenómeno de la urbanización dispersa. Esta última circunstancia, además de reflejar un anti-modelo de ordenación territorial, ha supuesto la liquidación de la actividad agroganadera como actividad económica en la que la competencia de los precios rur-urbanizantes respecto del llamado suelo rústico ha acabado desplazando a nuestros agricultores, que en algunos casos han pasado a ser semi-profesionales de la especulación inmobiliaria. Entre los resultados de este proceso se encuentra la de satisfacer la aspiración de una élite que pretende apropiarse del paisaje rural.El futuro pasa por reivindicar un territorio sentido y vivido, con su historia, sus señas de identidad, su rica biodiversidad natural y cultural, y sus potencialidades endógenas. No la tierra inasible e inabarcable del espacio de los flujos, de la abolición telemática del tiempo, de la selva liberal disfrazada de determinismo economicista.Una política de sostenibilidad urbana y territorial tiene que buscar el equilibrio territorial en base a ciudades compactas de tamaño medio, evitar la fragmentación urbana con la creación de barrios dormitorio, establecer densidades residenciales elevadas y tramas densas que favorezcan un transporte público operativo y equipamientos sociales de proximidad, impulsar la multifuncionalidad de los espacios como elemento dinamizador de vida en la ciudad o implementar políticas de rehabilitación y revitalización de las zonas en declive.Mención especial merece la defensa de la actividad agraria y el impulso a la cultura rural. Declarando las zonas rurales como suelo no urbanizable protegido por su interés paisajístico, su riqueza natural o su capacidad agrológica. Los llamados núcleos rurales deben ser la base de la concentración del asentamiento de las gentes que vivan del agro, así, se rechaza la construcción de nuevas edificaciones residenciales en el suelo rústico, para de este modo conseguir que el precio del suelo rústico, sea efectivamente el de un suelo rústico sin ningún aprovechamiento urbanístico.2. Garantizar la participación real de la comunidad afectada por cualquier decisión de dimensión territorial, en cualquier proceso de toma de decisiones, cuya resolución, implique el cambio vocacional de ciertas porciones del territorio en el medio rural, y que afecte a la continuidad de terrenos destinados a objetivos de sostenibilidad: agrarios y de protección del medio natural. 3. Exigir responsabilidades públicas y éticas a los poderes públicos en relación a la problemática derivada del acceso a la vivienda, que pasa necesariamente por calificar la vivienda como bien de primera necesidad; regulando su uso en base a la categoría de utilidad pública e interés social.5. Creación de un banco de tierras con objetivos ambientales, que facilite la incorporación de nuevos activos al sector primario, mediante la adscripción a este uso de superficies similares a las que sean ocupadas para usos residenciales, actividades económicas e infraestructuras.
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