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DIAGNÓSTICOEn los últimos años la tasa de crecimiento de la economía ha sido espectacular, a la vez que se mantenían altas tasas de paro en Euskal Herria, especialmente hirientes en el caso de la juventud y la mujer. La multiplicación de los índices de productividad no ha tenido efectos beneficiosos ni social, ni ambientalmente, por el contrario un crecimiento no armónico como este, nos presenta un panorama presidido por la macrocefalia de las ciudades, el deterioro medioambiental, la dependencia tecnológica del exterior o el control financiero de ramas industriales enteras por el capital internacional especulativo. A su vez, las multinacionales que operan a nivel mundial imponen sus condiciones laborales a l@s trabajador@s, mediante su poder para ubicar plantas en un territorio u otro eligiendo aquellos donde encuentre las condiciones más idóneas. Una vez establecidas, las posibilidades de defender los derechos laborales o enfrentarse a un cierre son mínimas, al vivir bajo el chantaje permanente de un traslado de sus plantas a un territorio que ofrezca una legislación más restrictiva respecto de los derechos laborales, más permisiva en relación a sus impactos ambientales y con mayores beneficios fiscales. Es la instrumentalización de lo endógeno como adaptación de lo local a las necesidades de internacionalización del capital.La sociedad actual es una cruda realidad socio-económica donde cada vez es más difícil la acción colectiva puesto que las nuevas leyes del mercado tienden a establecer unas relaciones individualizadas en las que el poder del empresariado no tenga prácticamente límite, y donde la dificultad en la adaptación de la respuesta sindical a las nuevas realidades del mundo del trabajo y a la gran diversidad de situaciones que concurren en su base social, es creciente. El antagonismo de los intereses del trabajo y del capital está siendo recubierto por un antagonismo creciente entre los intereses del núcleo estable por una parte y de los trabajadores periféricos y parados por la otra; un auténtico ejército de reserva ajustable rápidamente a las necesidades producidas por las variaciones de la demanda (precariedad, subcontrataciones, desregulación del mercado de trabajo).Por otro lado, el capitalismo se reestructura cada vez más a expensas de las llamadas "condiciones de producción" -la fuerza del trabajo, la naturaleza o el espacio urbano- al degradarlas e incluso destruirlas (la lluvia ácida, la salinización de las aguas, la congestión y contaminación, los suelos envenenados por el lindano, etc.) aumentan los costos para el capital y para mantener los niveles de ganancia, utiliza fórmulas como el aceleramiento del cambio tecnológico, el abaratamiento de las materias primas, y mayor disciplina y menores salarios para la fuerza de trabajo. Estas maniobras requieren cada vez mayor cooperación e intervención estatal, haciendo más visible la naturaleza social y política de los procesos de producción.Así, el papel predominante que el liberalismo asigna a las diversas administraciones, es acarrear con los costos de la regeneración y reproducción de las citadas "condiciones de producción" para que no descienda la tasa de beneficio, todo ello en detrimento de los presupuestos asignados para la cobertura de situaciones de emergencia social o de recuperación del ecosistema.El intento de ligar crecimiento económico con aumento del empleo es una completa falacia, pero se ha revelado como un buen método para enmascarar el único fin perseguido, aumentar el beneficio. Mientras que entre 1.985 y 1.995 la productividad creció un 75 %, el empleo industrial cayó un 30 %. Una de las causas del desempleo es precisamente la desvinculación entre crecimiento y empleo o entre la producción y la ocupación, sumada a la transformación en la organización del trabajo y la globalización de los mercados.ESCENARIO PROPUESTODefendemos el reparto del trabajo porque posibilitaría, superar progresivamente el abismo creado entre los activos y los excluidos; neutralizar la dinámica de precarización y dualización social; recuperar las condiciones materiales que posibiliten el protagonismo social y político de los sectores más desfavorecidos y, desarrollar la cultura y la cualificación que requiere un modelo de cultura y de sociedad basado en trabajadores y ciudadanos activos. Apostamos por impulsar un programa de nuevos derechos obreros en torno al tiempo liberado (avances como el año sabático o la semana laboral de cuatro días), la posibilidad de influir en las inversiones productivas y la participación democrática igualitaria en el rumbo del reparto de la riqueza.No hay libertad en el consumo si no la hay en la producción, es necesaria una remodelación del aparato productivo en un esfuerzo de democratización enmarcada en un pacto con la naturaleza, donde se ponga coto al poder omnímodo de las multinacionales y se establezcan instrumentos reales de participación en la definición de la producción.MEDIDAS A ADOPTAR2. Recualificación del tejido industrial, sustituyendo las empresas intensivas en la utilización de capital y energía, las de producción armamentística y las altamente contaminantes, por otras social y ambientalmente útiles donde la fuerza de trabajo y el capital humano constituyan sus pilares, mediante el traspaso de fondos provenientes de una política fiscal que penalice las primeras en beneficio de las segundas.5. Establecer una legislación efectiva contra los monopolios, implantar mecanismos de control que pongan coto al poder de las multinacionales.6. En materia de salud laboral, prohibir la utilización de sustancias peligrosas y abandonar la política de negociar contraprestaciones dinerarias a cambio de poner en riesgo la salud.
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